
Mejor dejamos las cosas claras desde el principio.
No te contratamos, te incorporas. Nos gusta eso de la incorporación.
No trabajas para nosotros, sino con nosotros.
No repartes para nosotros, realizas un servicio.
No tienes un contrato per se, no tienes objetivos. Respetas los estándares de entrega.
No cobras un salario, sino honorarios. ¿Está claro?
- Sí
- ¿Seguro?
- Sí, sí, suena bien, por mí vale, sí.
- No fichas, estás disponible. Apúntate y serás un franquiciado con vehículo propio y dueño de tu destino. Están los perdedores y los luchadores. ¿Cómo lo ves?
- Llevo esperando una oportunidad así desde siempre.
- Lo último antes de firmar el contrato de franquicia, ¿tienes vehículo propio o te lo alquilamos?
- Eh… déjame hablar con Henry, ¿vale?
- Ya me dirás, aquí, todo lo decides tú.
Así empieza la última película de Ken Loach, un diálogo que deja claro desde el principio la problemática actual, ese aprovechamiento de un vacío legal que hacen algunas de las nuevas plataformas digitales. En este caso el protagonista de la película es un hombre de mediana edad que empieza a trabajar para una empresa de reparto, con su propio vehículo y siendo su propio jefe, eso sí bajo los poderes de dirección del empresario en todo momento, es decir, lo que es un falso autónomo.
Desde un principio al trabajador se le deja claro que lo más importante es el dispositivo que utiliza para rastrear los paquetes y llevar a cabo el reparto de mercancías, ese dispositivo controla en todo momento la ubicación real del paquete y del repartidor, dejando en evidencia la ausencia de organización empresarial propia del trabajador, además de tener un estricto sometimiento horario.
Otro de los aspectos que se muestran en la película es la carencia de toda cobertura, es decir, cuando el trabajador tiene algún problema y no puede asistir al trabajo, tiene dos opciones o buscar un sustituto para realizar su ruta o le quitan la ruta que venía realizando para dársela a otro empleado, sin percibir ninguna remuneración ese día.
La película llega a producir entre pena y lástima sobre todo en la escena final, donde subido a su furgoneta de trabajo el protagonista intentar ir a trabajar por la angustia de no perder el día, después de haber sufrido un accidente que casi le cuesta la vida.
Esto no deja de ser cine, pero sin ir mucho más lejos de la realidad hace poco conocimos la noticia de que la Inspección de Trabajo de Murcia obligaba a Glovo a dar de alta a casi 300 repartidores a raíz de una denuncia de CCOO, y al igual que en otras comunidades se ha reconocido que estos riders o glovers son falsos autónomos. Por último, y a modo de reflexión, las últimas veces que subí a Madrid justo enfrente de las grandes cadenas de fast food habían a cualquier hora del día, una cantidad ingente de personas tiradas en el suelo esperando una llamada o un reparto, eso sí con el logo de la empresa en sus bicicletas o motos, y con una ruta que no deciden ellos.
Por tanto, el problema es real.
Escrito por Alejandro Melgarejo, Fundador del BLOG TODOSOBRERRHH.
