Fernando Guerrero es Ingeniero Técnico de Obras Públicas, aunque comenzó su vida laboral como Topógrafo, midiendo obras rurales en el campo de Elche, terminó convirtiéndose en consultor, autor, comunicador y formador en Tecnología de la Información, para más tarde disfrutar de una nueva carrera como empresario, al frente de Nouss Intelligence, una startup de la Universidad de Alicante, especializada en Inteligencia Artificial, y sigue sirviendo como CEO de SolidQ, la micro-multinacional que fundó en EEUU en el 2002, para convertirse en la empresa líder de servicios de consultoría avanzada y formación en la Plataforma de Datos de Microsoft.

Fernando Guerrero: «Tendemos irremediablemente a una sociedad en la que el trabajo no se medirá por horas, sino por responsabilidades»
P. ¿Cómo surgió NOUSS INTELLIGENCE? ¿Y cuál es su actividad principal?
Nouss Intelligence surgió de un proyecto de investigación del departamento DTIC de la Universidad de Alicante. Dicho proyecto, a su vez, comenzó con un convenio entre una empresa de la provincia (Rosmiman Software Corporation) y el DTIC, para resolver un complejo problema de planificación de recursos y tareas de mantenimiento gestionadas por el software ROSMIMAN (un GMAO, o gestor de mantenimiento asistido por ordenador).
En el 2017 decidimos crear Nouss Intelligence para explotar comercialmente los resultados de ese proyecto de investigación, así como poder adaptar este sistema a las necesidades del mercado, más allá del entorno de pruebas usado en el proyecto de investigación.
La actividad principal de Nouss Intelligence es el desarrollo y explotación de sistemas de inteligencia artificial dedicados fundamentalmente a la planificación inteligente de tareas, así como los recursos necesarios para la ejecución de dichas tareas, proporcionando a nuestros clientes la posibilidad de mejorar la calidad de servicio con mejores costes de operación.
P. En la actualidad, ¿Con que empresas o instituciones estáis colaborando?
Estamos colaborando actualmente con diferentes tipos de empresas, tanto empresas de software, como Teralco, YuRest, Orion, o Microsoft, o grandes empresas de servicios, como Acciona Services, o club de fútbol como el Manchester City Football Group.
P. Hoy en día, ¿De qué manera puede ayudar la Inteligencia Artificial a las empresas?
Yo creo firmemente en las ventajas que la Inteligencia Artificial puede aportar a las empresas, no en el futuro, sino ahora mismo.
Sin embargo, hay mucha confusión en el mercado sobre lo que la Inteligencia Artificial es, y lo puede hacer por nosotros.
Cuando hablamos de Inteligencia Artificial, nos viene a la memoria el HAL 9000 de la genial película “2001 Odisea del Espacio”, o el androide C-3PO de “La Guerra de las Galaxias”. Tendemos a pensar en la Inteligencia Artificial General, capaz de entender y aprender de su entorno, del mismo modo que los humanos.
Es posible que lleguemos algún día a conocer este tipo de Inteligencia Artificial General, pero estamos aún muy lejos.
Sin embargo, ya estamos usando todos los días, en muchas tareas de nuestro trabajo, algunos componentes de Inteligencia Artificial. Cuando un buscador de internet clasifica los resultados de una búsqueda de acuerdo a nuestro perfil de usuario, y a nuestra historia de búsquedas, estamos usando Inteligencia Artificial. Lo mismo ocurre cuando una cámara de fotos reconoce caras e intenta asignarle nombres de personas conocidas.
En muchos procesos de fabricación, hay sistemas de inteligencia artificial que permiten no solamente automatizar procesos mediante robots, sino que permiten a esos robots adaptarse dinámicamente a posibles cambios en el entorno.
En nuestro caso, los motores de inteligencia artificial que desarrollamos están enfocados a la planificación inteligente de tareas y recursos, de modo que las organizaciones sean más eficientes, mejoren la calidad de su producción, y además rebajemos el nivel de estrés de los empleados, gracias a una planificación que se adapta dinámicamente en tiempo real a la realidad de la ejecución de las tareas a realizar, y a las características cambiantes del entorno.
P. ¿Cómo puede contribuir un sistema inteligente al desarrollo de una organización?
Esta es una pregunta muy amplia.
Gracias a la computación en la nube, disponemos de sistemas que cada vez saben más de nosotros, y del modo que nos comunicamos con los demás. Esto podría entenderse como una intromisión en nuestra intimidad, pero en realidad es una herramienta potentísima que nos ayuda a mejorar nuestra productividad, ayudándonos a enfocarnos en lo que realmente importa.
Por ejemplo, hay productos como Microsoft Delve, parte de Office 365, que nos muestran automáticamente en qué están trabajando aquellas personas con las que más interactuamos (siempre y cuando tengamos permisos para ver esos documentos), de modo que podamos conectar con ellos y colaborar en esos documentos tan pronto como sea posible.
Hay asistentes virtuales, chatbots, que permiten servir de ayuda automática a nuestros compañeros, resolviéndoles dudas sobre temas predefinidos, que nos evitan tener que perder tiempo en resolver dudas elementales (y a veces no tan elementales), máxime teniendo en cuenta la cantidad de información que generamos, y que no siempre resulta sencillo encontrar.
Hay otros asistentes virtuales que nos permiten organizar automáticamente algunas tareas rutinarias, del modo más sencillo posible, liberándonos de algo más de tiempo que dedicar a tareas que aporten valor a la organización.
En estos tiempos en los que recibimos cientos de peticiones de interacción al día, ya sea por email, twitter, WhatsApp, LinkedIn, Facebook, y otros sistemas, disponer de asistentes que nos ayuden a priorizar los asuntos a los que debemos prestar atención serían de gran ayuda para reducir el impacto de estos sumideros de productividad que, aunque necesarios, nos quitan mucho tiempo que no tenemos.
Por otro lado, en grandes organizaciones, sistemas inteligentes pueden ayudar a definir con mejor precisión los perfiles necesarios, y ayudar a identificar mejor qué empleados son los más adecuados para desempeñar cada uno de esos perfiles, así como qué vehículos formativos serían los más necesarios para poder adaptar a las organizaciones a las cambiantes condiciones del mercado.
P. ¿Por qué resulta tan complicado que empresas que se lo pueden permitir se adapten al teletrabajo?
El ser humano es un ser social, por naturaleza.
Sin llegar al teletrabajo, hay muchas personas que no les gusta hablar por teléfono, a pesar de los avances en la telefonía, y la significativa reducción de costes de las últimas tres décadas, que han posibilitado esta comunicación sin tener que pensar en el coste asociado a una llamada telefónica.
La comunicación interpersonal se va deteriorando a medida que le vas reduciendo dimensiones: Una conversación cara a cara siempre es mejor que una video conferencia (porque le falta la calidez de la cercanía personal, y el compartir un mismo entorno); una videoconferencia siempre es mejor que una conversación por voz (porque le falta la imagen en tiempo real); una conversación por voz siempre es mejor que una conversación por chat (porque le falta la riqueza inherente a la modulación de la voz); una conversación por chat siempre es mejor que un mensaje asíncrono, como un email (porque carece de la inmediatez de una conversación síncrona).
Por otro lado, es fundamental poder tener una idea clara del impacto de nuestra comunicación con la otra persona, en tiempo real, para poder comunicarse con efectividad. Esto es posible con una conversación cara a cara (y no siempre), pero es casi imposible mediante una “conversación” por email.
Además, el teletrabajo requiere de una metodología clara para que sea efectivo. No es solo las herramientas tecnológicas que se usan, sino la actitud mental, y los procedimientos a seguir para lograr colaborar con otras personas a distancia.
Cuando fundamos SolidQ hace ya 18 años, los seis fundadores vivíamos a miles de kilómetros de distancia de cada uno de nosotros, por lo que no nos quedó más remedio que aprender a trabajar a distancia, en 4 zonas horarias distintas, en tres continentes.
Con esta experiencia, al fundar Nouss nos aseguramos que sería posible teletrabajar de un modo tan natural como trabajar juntos en la oficina.
Teletrabajar no es hacer lo que te de la gana cuando te parezca, en pijama, y escuchando música a todo volumen.
Teletrabajar eficazmente requiere de una disciplina muy similar a la de ir a la oficina: debes levantarte a una hora determinada (por flexible que sea tu jornada de tele-trabajo), asearte y mostrar a tus compañeros que estás disponible a partir de ese momento. Requiere también almacenar todos los documentos de un modo determinado, para que estén accesibles para aquellos que necesiten acceder a los mismos. Requiere también hacer las pausas normales que permitan poder trabajar saludablemente.
Por otro lado, los jefes debemos cambiar nuestra mentalidad, y aprender a valorar el trabajo de nuestro equipo por sus resultados, y no por las horas que están oficialmente trabajando. Intentar controlar al detalle cuánto tiempo dedica al trabajo una persona que tele-trabaja es sencillamente imposible, así que es absurdo intentar controlarlo. Lo que hay que hacer es asegurarnos de que cada persona tenga la preparación e incentivos adecuados para realizar su trabajo con la calidad y diligencia debida. El presentismo laboral es una lacra que hay que erradicar cuanto antes.
P. ¿Qué opina de la jornada de 35 horas semanales? ¿Es una utopía?
Tendemos irremediablemente a una sociedad en la que el trabajo no se medirá por horas, sino por responsabilidades, ya que los trabajos tediosos y repetitivos serán realizados cada vez más por máquinas más o menos inteligentes.
Yo no llegaré a celebrar la llegada del siglo XXII, pero podría apostarme algo a que mucho antes de que acabe este siglo habremos abolido el concepto de semana laboral como la conocemos hoy en día.
Siempre habrá trabajo a realizar, y alguien tendrá que realizarlo, pero no habrá tanto trabajo como para llenar ni 35 ni 30 ni 25 horas semanales de toda la población adulta.
Cada vez habrá más y más personas dedicadas a ocupaciones que ahora no se consideran necesariamente “trabajo”, pero que serán muy necesarias para nuestro desarrollo como sociedad. Seguiremos necesitando otras personas a nuestro alrededor para sentirnos útiles, queridos y seguros. Seguiremos necesitando otras personas con quienes compartir tiempos de felicidad y tristeza, porque está en nuestra naturaleza. ¿Serán esas ocupaciones los trabajos del mañana? Quién sabe… Creo que cada vez es más importante que nuestros hijos persigan sus sueños, aprendiendo y formándose en aspectos básicos de la vida, como saber expresarse correctamente, la filosofía, la música, el arte, las matemáticas, la historia, para ser capaces de adaptarse a las circunstancias cambiantes de una vida laboral que les llevará a cambiar varias veces de profesión a lo largo de su vida.
P. Por último, nos gustaría que nos contara alguna anécdota graciosa que le haya ocurrido en estos últimos años.
El año 2015 fue el año que más he viajado en mi vida. De media, hice tres viajes mensuales a otros continentes durante todo ese año.
Durante mis años de viajero constante, he logrado aprender la habilidad de dormirme justo antes de despegar, para despertarme una vez que el avión ya ha ganado altura de crucero. No es porque me dé miedo el despegue, en absoluto, sino que hay bien poco que se pueda hacer durante esos 10-15 minutos, así que aprovecho para echar una cabezadita.
Uno de esos viajes, al despertarme tras esa corta cabezada, me sentí algo confuso. Intenté recordar dónde estaba volando ese día, y no tenía ni idea. Miré a mi alrededor y por la pinta de los otros pasajeros, lo mismo estaba volando a Seattle que a Singapur. Busqué en mis bolsillos la tarjeta de embarque y encontré cinco o seis distintas, con fechas tan distintas como 03/07, 07/09, o 12/11. El caso es que como no ponían el año, no podría determinar cuál era precisamente la de ese viaje, porque me di cuenta de que tampoco sabía en qué mes estaba.
Miré a mi alrededor esperando que alguien pudiera ser suficientemente amable como para no tildarme de loco si le preguntaba por la fecha y por el destino de este viaje, pero no encontré nadie de quien pudiera esperar una respuesta cordial a tal desatino.
Mi momento de desconcierto desapareció cuando apareció una azafata de British Airways, al mismo tiempo que el capitán anunciaba el tiempo previsto de llega a Londres. Asunto resuelto, y con esta información recordé también la fecha en la que estaba. No me ha vuelto a pasar, pero ese día me di cuenta de que debía recortar drásticamente mi agenda de viajes.
