
A medida que pasa el tiempo en esta situación excepcional, de emergencia, que nadie hubiese imaginado hace un mes, crecen las reflexiones a un nivel más profundo acerca del bienestar.
¿Qué me aportaría bienestar hoy? Es una pregunta que nos formulamos con poca frecuencia cuando alargamos los días para atender obligaciones. La vida nos para y nos sorprendemos cuidándonos, dedicándonos tiempo de una manera consciente, priorizando sentirnos bien en el momento presente. Además, estamos haciendo hueco en nuestro día a estas rutinas de autocuidado aunque sigamos con obligaciones y trabajando, porque comenzamos a sentir que es necesario y no un lujo, que no puedes dar lo mejor de ti mismo si descuidas tu bienestar.
¿Y el bienestar en el trabajo? Ante los cambios, reflexionamos y analizamos los factores que nos aportan bienestar: seguridad, salario equitativo, poder hacer uso de nuestras habilidades… y las relaciones personales. Muchos trabajadores están al pie del cañón pese a que, dadas las circunstancias, algunas de sus condiciones laborales se hayan tambaleado temporalmente. No obstante, hay un factor que está marcando la diferencia: las relaciones humanas. Sentir el interés en tu persona, en tus necesidades y bienestar, por parte de tu jefe y de tu equipo. Sentirte apoyado y valorado en tu trabajo. Son muchos los que van a dar un giro a su vida laboral tras una decepción en este aspecto, y otros muchos los que incorporan el agradecimiento a su día a día y cuidan aún más sus relaciones.
Por último, una de las preguntas más formuladas estos días: “¿Qué te gustaría hacer cuando todo pase?” Ante la misma, nos enfocamos en aquello que nos aportaría un gran bienestar, y las respuestas pasan por estar con la familia, dar un abrazo, un beso, poder tocarnos mientras hablamos y reímos sin parar, salir por los bares y arreglar el mundo cerveza en mano, ir a un concierto y salir con sudor de todos tus amigos, conversar y escuchar de cerca… de nuevo, compartir con personas. Proteger a aquellos que queremos nos mueve, y ellos nos salvan los días.
En relación a ese compartir y el bien que nos hace, suena en mi cabeza una frase de Paul Auster que dice así: “Necesitamos desesperadamente que nos cuenten historias. Lo necesitamos tanto como el comer, porque ellas nos ayudan a organizar la realidad e iluminan el caos de nuestras vidas”.
Ojalá cuando salgamos de esta situación no sea volver a la normalidad, sea volver apreciando la belleza de lo cotidiano, disfrutando de una manera consciente de todo lo que nos aporta bienestar, practicando a diario el agradecimiento, eligiendo bien dónde ponemos nuestro tiempo y esfuerzo, sabiendo priorizar y cuidarnos.
Escrito por Ester Valverde, psicóloga por la Universidad de Murcia.
