LA CESTA DE NAVIDAD. ALGO MÁS QUE UN OBSEQUIO

Estos días previos a la navidad muchas empresas aprovechan para recompensar a su personal a través de obsequios traducidos en packs de experiencias, escape room, cheques regalo y un largo etcétera, pero el más clásico y codiciado es sin duda, la cesta navideña.

Así es, como muchas organizaciones premian el esfuerzo y sacrificio de todo un año.

Incluso hay quienes aseguran que esta cesta navideña si se da con cierta frecuencia puede acabar generando una obligación para la empresa y por tanto, un “derecho” para los trabajadores. Así fallaron algunas sentencias en el año 2016, donde se reconocía que “la compañía no podía suprimir de forma unilateral este obsequio”.

Otros son menos puristas y por unas cuantas sentencias que fallan a favor de este “derecho”  reconocen que su cesta navideña pende de un hilo muy fino.

Pero realmente, ¿Qué valor tiene  la cesta para muchas personas? Yo lo incluiría dentro de los factores motivacionales que planteaba el psicólogo Frederick Herzberg en su “Teoría de los dos factores”. Estos factores motivacionales son aquellos que no pueden evitar que el trabajador se sienta o no insatisfecho, pero pueden hacer que el nivel de satisfacción de un empleado crezca.

Así ocurría con Paquita todos los años, para esta empleada de una empresa cárnica, la cesta navideña suponía un motivo de celebración. Ese momento de llegar a casa, llamar a sus familiares y destapar la caja para ver el lote de jamón ibérico, vino y cava, turrón, latas de conserva,  productos gourmets, etc. Al igual que ocurre en otros muchos hogares en España, esta cesta se ha convertido en un “Must Have It” de la temporada navideña.  

Por eso, hoy día hay cestas para todos los gustos y colores, en un intento de ser originales  muchas empresas innovan en sus regalos navideños y sustituyen esta maravillosa cesta por productos más exóticos como puede ser una escapada de fin de semana en pareja o con la familia, otros sin embargo, no se atreven a dar ese paso de gigante y hacen pequeños cambios, como el que me comentaba un amigo el otro día que le habían sustituido su lomo ibérico de todos los años por unas chips de boniato, duro golpe y menudo enfado llevaba encima. Aunque, todo lo que sea con tal de que se reconozca el esfuerzo y se mantengan este tipo de tradiciones, bienvenido sea.

Como suele decir mi abuela “para la casa hasta una piedra hijo”.

¡Feliz navidad y felices fiestas!

Escrito por Alejandro Melgarejo Pérez.

Deja un comentario