IA, ChatGPT y relaciones laborales, la ficción llega a la gestión de los recursos humanos

La inteligencia artificial se ha convertido ya en el hito tecnológico más importante de los últimos años. ChatGPT ha superado el millón de usuarios en apenas cinco días, batiendo todos los récords de grandes potencias como Meta, Tiktok o Instagram.

¿Qué es esto de chatGPT? En términos sencillos, se trata de un chat con inteligencia artificial preparada para mantener con nosotros una verdadera conversación, comprendiendo las preguntas que queramos realizar y capaz de ofrecer respuestas complejas que además tienen en cuenta el histórico de conversaciones previas mantenidas. Todo ello, sobre cualquier tipo de tema que se desee plantear. Esto nos recuerda sin duda al guion de las más futuristas películas, pero esta vez, vamos a poder disfrutarlo en persona y de primera mano.

Para los entendidos en la materia, se trata de un chatbot que emplea el modelo de lenguaje por Inteligencia Artificial GPT-3 y que cuenta con más de 175 millones de parámetros, creada por OpenAI.

Las posibilidades de esta inteligencia artificial parecen infinitas, desde la creación de contenido de forma autónoma, servir de ayuda a los estudiantes, programar, traducir, hasta poner en jaque a los buscadores de internet más famosos y utilizados a nivel global.

En el ámbito de los recursos humanos en general y de las relaciones laborales en particular, la inteligencia artificial ha iniciado ya sus primeros pasos, principalmente, a través del procesamiento de grandes cantidades de datos. A modo de ejemplo, en la gestión de procesos de selección o a la hora de desarrollar software ágil y operativo en materia de evaluación del desempeño.

Los últimos avances de impredecible impacto futuro nos hacen preguntarnos si esta inteligencia artificial será capaz, más pronto que tarde, de hacerse cargo de las relaciones entre personas trabajadoras y empresas de modo autónomo.

Así, podríamos imaginar que una compañía instaurara un sistema de IA capaz de resolver las cuestiones planteadas por los empleados de forma autónoma, con criterio, respetando la legislación vigente y además estuviera alimentada con los datos organizativos y productivos de la organización para poder otorgar respuestas precisas a las preguntas propuestas.

Y no me refiero sólo a contestar preguntas básicas sobre, por ejemplo, una duda en relación con un concepto de la nómina o a una cantidad que pudiera estar mal abonada. ¿Qué impediría que la IA fuera capaz de analizar si una solicitud de una medida de adaptación de jornada planteada por un trabajador resulta posible de conceder en atención a las necesidades de la empresa? Como ventaja, se me ocurre una evidente supresión de la subjetividad propia de las personas a la hora de analizar una cuestión, evitando sesgos o vicios de la persona que recibe la solicitud, controversias personales que puedan existir entre las dos partes, etc.

Por el contrario, ello nos llevaría a una incuestionable “deshumanización de los recursos humanos”. No me refiero ya a la sustitución de personas por máquinas, cuestión que bien daría para otro extenso debate, sino a la pérdida del aspecto emocional y sensible propio de los seres humanos capaz de acercar posturas y de alcanzar términos intermedios que finalicen en acuerdos ante situaciones de conflicto, todo lo cual, se vería sustituido por la frialdad de los algoritmos.

Igualmente, se suscitan infinidad de cuestiones que deberán resolverse desde el punto de vista jurídico, ¿Quién tendrá la responsabilidad de las decisiones adoptadas por esta inteligencia artificial? ¿Qué valor tendrá en sede judicial que una empresa se haya apoyado en este sistema a la hora de ejecutar una acción? ¿Esto nos llevará a que la gestión empresarial termine completamente sistematizada y controlada por máquinas?

De lo que parece que no cabe duda es que esta tecnología ha llegado para quedarse, pero igual de claro parece que necesitará de una regulación, de unos límites, de unas reglas de juego claras que sirvan, en último término, para beneficiar a las personas y por ende a los trabajadores y a las empresas.

Artículo escrito por Álvaro Rodríguez García, especialista en relaciones laborales. A lo largo de su trayectoria profesional ha trabajado como abogado laboralista en despacho pasando por la prestigiosa firma Garrigues, actualmente desempeña el rol de abogado laboralista en Renfe.

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